Yo sé que en esta vida lo material sale sobrando, y que a final de cuentas el día que la dejemos no nos llevaremos nada, ni siquiera la ropa que llevamos puesta, mas que los conocimientos que adquiramos a lo largo de la misma.
Bien, el día de hoy, casi 18 años de servicio y muchas historias después, mi querido carro ha sido vendido. Sé que a últimas fechas el pobre Wall-E daba más lata que realmente el servicio que nos prestaba en esta casa, pero no dejo de extrañarlo ya.
Hay quienes dicen que el hombre y sus máquinas forman un vínculo especial. Dieciocho años de servicio, toda una vida para algunos, y en ese carro aprendí a manejar. La verdad era como mi segunda piel. A pesar de los últimos años de achaques siempre le guardaré un cariño especial. Claro que no es el mismo cariño que le pudiera guardar a una persona, pero aún así le guardaré siempre un lugarcito en mi corazón.
Por lo pronto me queda regresar por una temporada, no sé si larga o corta, al mundo de los mortales, del transporte público, de los camiones, micros y metro. No creo que sea malo. De hecho, hace años, cuando todavía no aprendía yo a manejar y ni siquiera me lo prestaban, yo me movía como Juan por mi casa a pie. A decir verdad, me encantaba caminar. Cuando en mis épocas mozas (1997) yo había entrado a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM, caminar era mi modo de vida. Hacía el trayecto desde la estación de Metro Universidad a la Fac en menos de 8 minutos cronometrados. Muchos de mis amigos en ese entonces estaban diseminados por todo CU, y yo me la aventaba caminando desde la Fac hasta Ciencias Exactas, y muchas veces hasta Derecho y Rectoría sin cansarme gran cosa. ¡Ah, qué tiempos aquellos!
El viernes pasado uno de mis primos más jóvenes me prestó una foto para escanearla. Esa foto es de 1993, cuando su servilleta tenía apenas la friolera de 15 años. Sobra decir que yo mismo me he sorprendido al ver el gran cambio físico que he tenido a lo largo de los años. Me he descuidado mucho. Es tiempo de empezar a pensar nuevamente en mi, y ponerme otra vez a régimen para volver a agarrar condición física.
En fin, algo que me pone de buenas es que ya por fin recibí la invitación de la boda de mi amiga Karla en diciembre en su natal Tepic. ¡Por supuesto que estaré ahí amiga! No me lo perdería por nada de este mundo.
Eso es todo por el momento, nos leemos después. ¡Manténganse sintonizados!

El buen wall-E!! si lo recordaré sobre todo en perisur jajajajaja y después de un partido de fut donde los pumas se coronaron! caray, que bonitos recuerdos compadre...this is indeed the end of an age! Bienvenido a la vida mortal de cualquier ciudadano que toma el camión y es eco-friendly :)
ResponderEliminarMe da gusto que ya hayas recibido la invitación, te esperamos el 27 para la fiesta :) Nos dará mucho gusto verte!!
Bizzz, K