lunes, 15 de marzo de 2010

Demasiadas cosas en la mente en este momento

¿No les pasa a veces, queridos lectores, que pareciera que hay momentos en la vida en los que tienen demasiadas cosas reprimidas por voluntad que les llenan la cabeza? ¿No han sentido que hay veces en las que sencillamente tienen que salir, ser exteriorizadas, para poder sentir algo similar a la pálida sombra del alivio?

En estos momentos así me siento. Han transcurrido bastantes días desde la última vez que actualicé este espacio, y, sin dar esta información a manera de disculpa, planeo sacar todo lo que llevo en mi mente en este preciso instante.


Primero que nada, son las 12:30 de la noche en un domingo que más bien se acaba de transformar en lunes. Inicio de semana. Otra semanita más en chinga. De esas que he estado viviendo desde hace ya casi un mes... por voluntad propia. Ser bajista de tres proyectos distintos ocasiona ese tipo de situaciones. No me quejo, ya que es una bendición de Dios poder dedicarte a lo que más te llena, máxime cuando has tenido que sufrirle mucho para poder llegar a ese punto. Esa explicación la daré más adelante...

Me encuentro muy triste y preocupado en este preciso instante. Tengo que aceptar una fuerte y acongojante verdad. Desde hace poco más de un mes, me enteré que un tío mío, hermano de mi padre, más grande que él, y radica desde hace casi 50 años en la ciudad de Guadalajara con su familia, estaba grave. A sus 78 años le detectaron una variedad de leucemia (aunque más bien era un síndrome, si nos queremos poner muy técnicos.. la verdad es que soy ignorante en ese aspecto.) que por obvias razones era incurable. Su médula espinal ya no producía células hemáticas correctamente y por lo mismo se debilitaba a pasos agigantados, amén de que aparte eso en un muy corto lapso de tiempo iba a deteriorarle órganos blanco tales como cerebro, hígado, riñones y no sé qué tanta madre más. El chiste es que a mi tío le fue detectada una enfermedad terminal que sería fulminante.

Como era de esperarse, sus demás hermanos se lanzaron inmediatamente a Guadalajara para verlo. Mi padre, siendo médico, trajo pocas esperanzas de regreso a la ciudad, puesto que no hay tratamiento para el tipo de enfermedad que mi tío tiene. Bueno, si existen tratamientos experimentales, pero esos no serían efectivos dada la edad de mi tío. Son tan agresivos que en lugar de poderle beneficiar, terminarían por darle una agonía más fuerte que la que pasaría debido a su enfermedad. Sus hijos, mis primos, todos ya adultos de 40 años para arriba, junto con mi tía (su esposa), decidieron que no se le daría ese tipo de tratamiento, sino que se le administraría uno sintomático, con la debida advertencia de que ese tratamiento sería básicamente un paliativo, con el desenlace que ya había yo comentado anteriormente. Básicamente se le estaba intentando dar una buena calidad de vida en lo que se daba el desenlace.

Obviamente, cada semana partía una comitiva conformada por hermanos de mi papá con rumbo a Guadalajara, más aparte quien decidiera acompañarlos. Su servidor estuvo en una de ellas hace dos semanas, después de no pisar Guadalajara, Jalisco en más de 15 años. Se siente raro regresar a una casa que conociste de niño, a la cual te encantaba ir, y con cuya familia te sentías tan a gusto, y que encuentras a tus sobrinos ya todos unos adultos jóvenes de 18-23 años, tus primos y tíos más grandes, y obvio... a tu tío enfermo. Pálido, con la certeza de un desenlace que más temprano que tarde se dará. Cuando ves que, a pesar del optimismo que tratas de infundar con tu visita, te das cuenta que hay verdades que flotan en el aire aunque no se digan abiertamente. Esas incómodas verdades no dichas que a la larga se convierten en certezas fatídicas.

Después de una visita de un fin de semana, regresé a la ciudad de México, sabiendo que mi tío estaba muy grave, aunque en ese momento, como en muchos otros de mi vida y con personas distintas, no sabiendo que sería la última vez que lo viera y conversara con él.

Lógicamente, las visitas de sus hermanos continuaron semanalmente. Este fin de semana no pude ir porque tuve varias cosas qué hacer aqui en la ciudad, relacionadas con mi música y con amistades que se dedican a eso (ensayos con Proyecto MX.CL, y con mi más reciente adición a Yúnniper, una banda de covers de rock, en proceso de aprenderme alrededor de 90 rolas para poder ya trabajar con ellos en bares y demás, además de ayudarle a sonorizar un evento a mi buen amigo Carlos Oen, y por si fuera poco, metiéndome también en un proyecto original nuevo que más adelante o en otra ocasión les comentaré).

Todavía hoy a mediodía llamé a su casa, y me contestó una de mis primas, contándome que su salud se ha estado deteriorando rápidamente. Al parecer tiene una hemorragia a nivel cerebral que le comenzó afectando la coordinación motora en una de sus manos, fallo en el cálculo espacio-temporal y dificultad en el habla.

Hace rato nos enteramos que desde en la tarde se colapsó en el baño, se dio un golpe muy fuerte en la cabeza, quedando inconsciente. El problema radica en su enfermedad. Ya se le detectaron varias hemorragias a nivel interno, mismas que no se pueden controlar. No va a recuperar el sentido, y de hecho se espera el desenlace en las próximas horas. Mi padre y yo revisamos ya horarios de salida para Guadalajara en autobús. Vamos a salir disparados para allá en cuanto mi papá termine unos pendientes mañana por la mañana, esperando de antemano que el desenlace de todo esto se de en las próximas horas.

Es triste pensar en todo eso, por todo lo que engloba el contexto de haber crecido con una persona como él: irreverente, mientamadres, jodón. Pero no puedo negarlo. Lo quiero. Es el fin de una época...

No sé qué más decir.. creo que el silencio será mi mejor homenaje. Vicente López Mendoza, mis oraciones y mis pensamientos están contigo, tío, y con tu familia. Nos vemos en un rato.

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